Parte 1:
“Y ahora”, anunció la presentadora, apenas conteniendo su emoción, “el Gran Premio se otorga a los dos concursantes que lograron la primera puntuación perfecta en la historia del torneo.
¡Felicitaciones a los hermanos gemelos… Leo Holloway y Ethan Holloway!
El auditorio estalló
Miles de personas estaban de pie aplaudiendo, pero apenas pude oír nada.
Dos adolescentes se convirtieron en el centro de atención.
Sus rostros aparecieron en las enormes pantallas LED.
Y olvidé cómo respirar.
Parecían fantasmas de mi propia infancia.
La misma nariz recta.
La misma mandíbula afilada.
La misma expresión que tenía en las fotografías cuando tenía trece años.
Pero sus ojos eran inconfundiblemente los de Elena: oscuros, inteligentes e inquietantemente serenos.
La mujer a la que había abandonado trece años antes.
Mientras estaba embarazada.
—Holloway —repitió el presentador.
El apellido de soltera de Elena
A mi lado, mi esposa Victoria se puso de pie de un salto.
—¿Qué es esto? —gritó—. ¿Dónde está Preston?
Un segundo después, aparecieron en pantalla las clasificaciones de consolación.
Preston, el hijo de Victoria, cuya reputación académica había sido comprada y pulida con mi dinero, quedó en último lugar.
Victoria golpeó con ambas manos la barandilla de terciopelo.
“¡Esto es una farsa! ¡Pagué por los mejores tutores, las mejores escuelas, todo! ¿Cómo es posible que mi hijo pierda contra dos don nadie sin padre?”
