Olivia no dejaba de tocarse la manga.
Emma se apoyó en mi brazo.
Lucy era demasiado joven para comprender todos los detalles, pero lo suficientemente mayor como para saber que la verdad puede cambiar de forma en una habitación.
Olivia me miró.
“Mamá, ¿eso significa que papá no nos ha dejado?”
Puse mi mano sobre la suya.
“No, cariño. Tu padre solo quería volver a casa. Y ahora nos vamos a asegurar de que todo el mundo lo sepa.”
Recordé la nota que Olivia había escondido en su mochila, aquella sobre pescar un pez más grande que las historias del tío Nick. En aquel entonces, solo bromeaba. Ninguno de los dos sospechaba que una de sus historias nos robaría un año entero de nuestras vidas.
Más tarde, cuando las chicas se durmieron, cambié de tema.
Volví a revisar la chaqueta de mi marido.
Cada puntada.
Cada bolsa.
En cualquier lugar donde una tarjeta pueda atascarse o caerse.
Nada.
El sobre que aparecía en la foto seguía sin aparecer.
Eso fue lo que me mantuvo despierta. Gabriel quería contarme algo. Tal vez sobre los préstamos. Tal vez sobre qué había sido de Nick. Tal vez sobre sus miedos. Fuera lo que fuese lo que había en el sobre, era lo suficientemente importante para mí como para guardarlo hasta el amanecer.
La gente quiere tratos transparentes.
