Péxeles
Sacó de su bolsillo una vieja ficha de plástico que la señora Adele le había dado una vez, indicándole que la usara siempre que quisiera almorzar, pero él sentía demasiada vergüenza para pedirla.
Este único acto lo marcó para siempre. Afirmaba que ella le había enseñado el significado de la compasión y que precisamente eso determinó el tipo de policía en el que se convertiría.
Mientras tanto, la señora Adele permanecía allí de pie, en la puerta de su casa, incapaz de hablar debido a la inmensa gratitud que la gente le demostraba por cosas que apenas recordaba haber hecho.
Ella insistía en que no había hecho nada más de lo que cualquier otra persona hubiera hecho.
Pero todos allí sabían que no era así.
Lo verdaderamente asombroso fue observar cómo Oliver absorbía en silencio todo lo que sucedía a mi lado. No tenía intención de provocar ninguna revolución. Simplemente se fijó en una mujer sentada en la oscuridad y concluyó que ayudarla significaba más para él que cualquier dinero que hubiera ahorrado.
