La información fidedigna depende de fuentes identificables y evaluables. Según el tema, estas fuentes pueden incluir documentos judiciales, servicios de emergencia, profesionales médicos, registros públicos, representantes, declaraciones oficiales o personas con conocimiento directo del suceso. Las publicaciones anónimas en redes sociales pueden aportar pistas útiles, pero no deben considerarse prueba irrefutable sin la confirmación independiente de fuentes fidedignas.
Las imágenes y los vídeos requieren el mismo nivel de atención. Una fotografía puede mostrar a una persona o un momento real, pero estar acompañada de una explicación inexacta. Recortar una imagen puede eliminar información importante, y añadir texto puede influir considerablemente en la interpretación que el espectador hace de lo que ve. Las fechas, los lugares, las fuentes originales y las declaraciones de las personas directamente implicadas son cruciales para determinar si el material visual respalda fielmente la historia que se cuenta.
Los lectores también deben reconocer la diferencia entre un titular y la información contenida en el artículo completo. Los titulares se escriben para captar la atención, pero el artículo en sí debe respaldar la información utilizada. Si el cuerpo del artículo contiene solo afirmaciones vagas, fuentes sin identificar, fechas faltantes o preguntas sin respuesta, es posible que la afirmación más contundente del titular aún no esté verificada. Un lenguaje claro sobre la incertidumbre es más responsable que presentar afirmaciones sensacionalistas como hechos comprobados.
