¿Efectos secundarios graves? (6/10)
Hasta el día de hoy, algunas personas, incluidos ciertos científicos, siguen cuestionando si las vacunas contra la COVID-19 podrían estar relacionadas con diversos problemas de salud.
Un estudio reciente a gran escala profundizó en esta cuestión.
Este estudio fue realizado por la Red Mundial de Datos sobre Vacunas , en la que participaron más de 99 millones de personas de ocho países: Argentina, Australia, Canadá, Francia, Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda y Escocia.
Sus resultados se publicaron en la revista científica Vaccine .
Palabras de los investigadores (8/10)
“La mayoría de las personas vacunadas tenían entre 20 y 59 años, y Francia fue el país donde se administró el mayor número de dosis”, explican los investigadores. Las vacunas analizadas fueron producidas por Pfizer, Moderna y AstraZeneca.
Estos resultados avivaron los debates en curso entre profesionales de la salud y pacientes.
Síndrome de Guillain-Barré y trombosis venosa (9/10)
Los investigadores observaron un aumento en los casos de síndrome de Guillain-Barré (SGB) y trombosis venosa cerebral (TVC) tras la primera dosis de la vacuna de AstraZeneca .
-
El síndrome de Guillain-Barré suele causar debilidad muscular progresiva.
-
La trombosis venosa cerebral se produce cuando se forma un cóágulo de sangre en una vena del cerebro, obstruyendo la circulación sanguínea.
El jugador de baloncesto francés Victor Wembanyama sufrió previamente una forma de trombosis, que le obligó a dar por terminada su temporada.
Se necesita más investigación (10/10)
Además, todas las vacunas mostraron un mayor riesgo de miocarditis y pericarditis (inflamaciones del músculo cardíaco o del tejido que lo rodea), aunque estos eventos siguen siendo poco frecuentes.
“Se han identificado otros problemas que requieren mayor investigación”, señala la revista.
Los investigadores enfatizan que es necesario realizar más estudios para comprender plenamente la relación entre la vacunación y estos efectos adversos.
Conclusión
Las vacunas contra la COVID-19 se desarrollaron en circunstancias urgentes durante una crisis sanitaria mundial.
Tras casi cinco años de datos reales y análisis científicos, ahora tenemos una comprensión más clara —aunque aún en desarrollo— de los posibles efectos secundarios asociados a estas vacunas.
