Extrañaba escuchar otra voz en casa.
Extrañaba las comidas compartidas.
Extrañaba que alguien se preocupara por cómo había sido su día.
Pero cada vez que esos pensamientos aparecían, se repetía que el divorcio había sido la mejor decisión.
Aunque, en el fondo, ya no estaba tan seguro.
Los días se convirtieron en semanas.
Las semanas en meses.
Y entonces ocurrió algo que jamás imaginó.
Un amigo cercano tuvo que someterse a una operación y Arjun decidió visitarlo en el hospital.
Era una visita rutinaria.
Nada fuera de lo normal.
Sin embargo, mientras caminaba por uno de los pasillos, una figura sentada cerca de una pared llamó su atención.
Al principio no estaba seguro.
Pero cuando observó mejor, el corazón le dio un vuelco.
Era Maya.
La mujer que había sido su esposa.
La misma persona con la que compartió cinco años de vida.
Pero algo estaba terriblemente mal.
Su aspecto era completamente diferente.
Había perdido peso.
Su piel lucía pálida.
Su rostro reflejaba agotamiento.
Y lo que más lo impactó fue ver que ya no tenía su característica cabellera.
Parecía una persona distinta.
Más frágil.
Más vulnerable.
Más sola.
Por unos segundos quedó paralizado.
Miles de preguntas invadieron su mente.
¿Qué había pasado?
¿Por qué estaba allí?
¿Por qué nadie la acompañaba?
Finalmente reunió valor y se acercó.
Cuando pronunció su nombre, Maya levantó la mirada.
La sorpresa fue evidente en su rostro.
No esperaba verlo.
Y él tampoco esperaba encontrarla.
Intentaron intercambiar algunas palabras normales, pero la preocupación de Arjun era imposible de ocultar.
