Hasta que una noche todo cambió.
Después de una discusión sin importancia aparente, pero cargada de años de frustración acumulada, Arjun pronunció unas palabras que llevaban demasiado tiempo rondando en su cabeza.
Propuso separarse.
Esperaba una reacción fuerte.
Tal vez lágrimas.
Tal vez enojo.
Tal vez una última pelea.
Pero Maya simplemente lo miró durante unos segundos.
Luego hizo una pregunta sencilla que lo dejó sin respuesta.
Quería saber si él ya había tomado esa decisión antes de hablarlo con ella.
Y la verdad era que sí.
Cuando él asintió, ella comprendió que ya no quedaba nada por discutir.
Aquella misma noche comenzó a guardar sus cosas.
El proceso de divorcio fue rápido y sorprendentemente sencillo. No hubo batallas legales ni discusiones interminables.
Era como si ambos hubieran llegado al final mucho antes de firmar los documentos.
Después de la separación, Arjun alquiló un pequeño apartamento e intentó seguir adelante.
Se concentró en su rutina.
Trabajo durante el día.
Alguna salida ocasional con compañeros.
Películas por la noche.
Y mucho silencio.
Demasiado silencio.
Pronto empezó a notar que había cosas que extrañaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.
