“Trabajé con él”, dijo.
Kellan se acercó al ramo.
En el instante en que vio las tres marcas rojas, el color desapareció de su rostro.
—Aseguren la casa —ordenó.
Un oficial parecía confundido.
¿Señor?
“Hazlo ahora.”
Me agarré al respaldo de una silla.
“Los reconoces.”
Kellan me miró directamente.
“Hace veintidós años, tres mujeres desaparecieron. Antes de cada desaparición, la víctima recibió exactamente cien rosas amarillas.”
“¿Y las marcas rojas?”
“Tres flores marcadas cada vez.”
Se me revolvió el estómago
Kellan explicó que mi padre creía que ese número representaba la culminación de un ciclo final, una despedida definitiva.
Las flores no fueron un regalo.
Fueron una advertencia.
PARTE 2 — EL MARIDO QUE NUNCA SE FUE DE LA CIUDAD
La policía intentó llamar a Daniel repetidamente.
Nunca respondió
El detective Kellan se puso en contacto con su empresa mientras los agentes registraban la casa.
Cuando terminó la llamada, su rostro reflejaba tristeza.
“A Daniel nunca lo enviaron de viaje de negocios.”
Lo miré fijamente.
“Eso es imposible.”
“No se reservó ningún vuelo. La reserva del hotel era falsa. Su empresa no lo ha visto en cuatro días.”
Cuatro días antes, Daniel me había besado la frente, había cogido su maleta y me había dicho que me llamaría desde Chicago.
Ahora no tenía ni idea de dónde estaba.
O por qué había mentido.
Esa noche, la policía registró todas las habitaciones mientras yo permanecía abajo, envuelta en una manta. Escuchaba el sonido de cajones abriéndose, pasos cruzando el techo y a los agentes hablando en voz baja detrás de las puertas cerradas.
Finalmente, Kellan regresó con una pequeña caja de metal de la oficina de Daniel.
Dentro había artículos de periódicos antiguos.
Docenas de ellos
Todos los recortes de prensa trataban sobre las tres mujeres que habían desaparecido veintidós años antes.
Fotografías de las víctimas.
Informes sobre las rosas amarillas.
Teorías de los investigadores
Había notas manuscritas en los márgenes.
