La primera impresión de la mansión Whitmore:
Al llegar, el exterior parecía impecable: jardines bien cuidados y enormes ventanales que reflejaban el sol. Pero al abrir la puerta principal, la escena cambió por completo:
Fragmentos de vidrio cubrían el suelo de mármol.
Dibujos hechos con rotulador manchaban las costosas paredes.
Manchas de pintura desfiguraban los elegantes muebles.
Muñecas decapitadas yacían en la sala de estar.
Un leve olor a humo aún flotaba en el aire.
El guardia de seguridad la miró con compasión y le deseó suerte. Arriba, Daniel la esperaba, visiblemente exhausto, con ojeras y la corbata suelta. Le explicó que la habían contratado únicamente para ayudar con la limpieza.
El encuentro con las seis hermanas
Antes de que Maya pudiera responder, unas voces burlonas resonaron en el pasillo. Al bajar, encontró a las seis chicas esperándola en fila. Harper, la mayor, se cruzó de brazos desafiante. Avery sostenía un cubo de pintura roja. Las gemelas, Lily y Nora, jugaban con unas tijeras entre los dedos. Sophie, de ocho años, arrastraba una manta mojada, mientras que la pequeña Ella abrazaba un conejito de peluche de una sola oreja.
—Así que eres el número treinta y ocho —dijo Avery con una sonrisa provocativa.
—Tal vez —respondió Maya con calma.
—Renunciarás antes del anochecer —declaró Harper.
