Lo que hemos aprendido sobre la COVID-19 desde la pandemia.

Según los CDC, usar mascarilla puede ayudar a prevenir la transmisión de enfermedades respiratorias como la COVID-19, ya que proporciona una barrera contra las partículas infecciosas.

La protección es más eficaz cuando se combinan varias medidas. Cuando las personas enfermas utilizan mascarilla, propagan menos partículas infecciosas. Cuando las demás personas también la usan, tienen menos probabilidades de inhalar las partículas que permanecen en el aire.

La COVID-19 no fue reconocida inmediatamente como una enfermedad de transmisión aérea capaz de propagarse más allá de una distancia de 1,8 metros, especialmente en lugares con poca ventilación o durante actividades que implican una respiración intensa.

También se necesitó tiempo para comprender con qué frecuencia las personas asintomáticas podían transmitir el virus. Un mayor conocimiento sobre estos y otros factores ayudó a perfeccionar las recomendaciones de las autoridades de salud pública sobre el uso de mascarillas.

Las directrices de los CDC sobre las mascarillas evolucionaron con el tiempo. Las primeras recomendaciones sugerían su uso en grupos y situaciones específicas. Posteriormente, se adoptaron recomendaciones universales y, más tarde, recomendaciones basadas en criterios de riesgo comunitario, como los niveles de transmisión local y la capacidad hospitalaria.

Un estudio realizado al comienzo de la pandemia reveló que las tasas de hospitalización disminuyeron en los lugares donde las autoridades locales exigieron el uso de mascarillas.

La inmunidad colectiva contra la COVID-19 es complicada

La inmunidad colectiva es un concepto de salud pública que se alcanza cuando una proporción suficientemente grande de una comunidad se vuelve inmune a una enfermedad contagiosa, de manera que esta deja de propagarse fácilmente.

Esta inmunidad puede proceder de una combinación de vacunación e infecciones previas. También ofrece cierta protección a los miembros más vulnerables de la sociedad que no pueden protegerse mediante las vacunas.

En el caso de una enfermedad como el sarampión, el concepto es relativamente sencillo. El sarampión es extremadamente contagioso, pero la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola es muy eficaz y su protección suele durar toda la vida.

Si el 95 % de una comunidad está vacunada, es muy poco probable que el sarampión se propague.

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