
Estados Unidos registró una de las tasas de mortalidad por COVID-19 más elevadas y muchas UCI estuvieron llenas
El domingo, Kennedy afirmó que algunas unidades de cuidados intensivos «estaban vacías en todo el país, incluso en Nueva York durante el punto álgido» de la pandemia. Sin embargo, los datos federales demostraron repetidamente la presión que la COVID-19 ejerció sobre los hospitales.
A finales de 2020, cientos de hospitales se encontraban a plena capacidad. Más del 90 % de las camas de cuidados intensivos estaban ocupadas en un tercio de todos los hospitales.
A principios de 2022, 19 estados tenían menos del 15 % de capacidad disponible en sus unidades de cuidados intensivos.
Según un análisis del Dr. Jeremy Faust, médico de urgencias, antes de la pandemia la ciudad de Nueva York contaba normalmente con alrededor de 1.600 camas de cuidados intensivos.
Sin embargo, en abril de 2020, casi 15.000 muertes registradas en toda la ciudad correspondieron a pacientes hospitalizados o atendidos en urgencias. Esta cifra era muy superior a la capacidad habitual del sistema hospitalario, incluso después de su ampliación.
En total, al menos 1,2 millones de personas murieron en Estados Unidos a causa de la COVID-19, según la Organización Mundial de la Salud. Esta cantidad representa más de una de cada siete muertes por COVID-19 registradas en todo el mundo.
Según la Universidad Johns Hopkins, Estados Unidos tuvo una de las tasas de mortalidad por COVID-19 más elevadas del mundo.
Una de las principales razones por las que Estados Unidos obtuvo resultados tan negativos durante la pandemia fue la falta de coordinación federal en todos los elementos de la respuesta, según el Dr. William Schaffner, profesor de enfermedades infecciosas en Vanderbilt Health.
Los estados y las comunidades adoptaron enfoques muy diferentes con respecto al uso de mascarillas, las órdenes de confinamiento, la vacunación y otras medidas. A esto se sumó una comunicación sorprendentemente incoherente por parte de los responsables políticos y las autoridades federales de salud pública.
Esto provocó una gran diferencia en la forma en que la población entendía cómo debía afrontar la COVID-19. También generó confusión, desconfianza e incertidumbre.
Estados Unidos ya presentaba grandes desigualdades en el acceso a la atención médica antes de la pandemia. Además, la rápida politización del programa de vacunación y la promoción de tratamientos cuya eficacia no estaba demostrada, como la ivermectina, complicaron aún más la situación.
La COVID-19 continúa afectando a los estadounidenses
La COVID-19 fue la tercera causa principal de muerte en Estados Unidos durante 2020 y se mantuvo entre las diez principales causas de muerte hasta 2024.
Para muchas personas, la COVID-19 provoca síntomas similares a los de un resfriado o una gripe. Sin embargo, cientos de personas continúan muriendo cada mes en Estados Unidos a causa de esta enfermedad.
Millones de personas también padecen COVID persistente, una afección crónica que puede provocar síntomas muy variados, como fatiga, dificultad para respirar y problemas neurológicos o digestivos.
Estos síntomas pueden permanecer durante meses o incluso años después de una infección por COVID-19. Las estimaciones varían, pero algunos estudios sugieren que una parte significativa de las personas infectadas podría desarrollar esta afección.
